OPINIÓN

¿Es la corrupción el principal problema de Brasil?

El problema principal es una política económica que tan sólo favorece a las élites

Brasil de Fato

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Solamente en el año 2015 Brasil dejó de recaudar 500 mil millones de reales debido al fraude fiscal / Pixabay

¿Y si cayese un rayo en Brasilia que acabase con todos los “corruptos”, tendríamos entonces un Brasil mejor? ¿Y si todo el dinero desviado en prácticas corruptas a las arcas del estado fuese devuelto, tendríamos entonces una sanidad y educación públicas de calidad? 

En Brasil se desviaron, en 2015, 69 mil millones de reales de las arcas del estado prácticas corruptas, según una investigación de la FIESP. Pero un problema siete veces mayor que el de la corrupción es el fraude fiscal. Solamente en el año 2015 Brasil dejó de recaudar 500 mil millones de reales debido al fraude fiscal, según denunció Celso Vicenzi en su blog. No obstante, los mismos medios de comunicación que defraudan a Hacienda, son los mismos que afirman que el problema sólo es la corrupción. 

Comparemos con otros datos: el monto total que el gobierno federal gastó en el año 2016 en intereses y amortizaciones de la deuda pública brasileña fue de 407 mil millones de reales, es decir, una cantidad algo menor que la que ese mismo gobierno gastó en el año 2016 en la Seguridad Social -550 mil millones de reales-, que, al contrario de lo que ocurre con el servicio de la deuda -que sólo beneficia a unos pocos poseedores-, beneficia a millones de brasileños.

¿Y por qué el gobierno quiere modificar la Seguridad Social y sin embargo no quiere tocar el interés de la deuda? Parece una pregunta obvia. No obstante, su ocultación en los grandes medios de comunicación diarios dice mucho de las prioridades políticas y económicas de los dueños del poder. Además, durante el año 2016 el gobierno gastó 84 mil millones de reales en el poder judicial brasileño, incluyendo en esa cantidad los súper salarios de los jueces que juzgan, por ejemplo, la corrupción. Es decir, 15 mil millones de reales más de lo que se había desviado en prácticas corruptas en el año anterior. 

Faltan las partidas para salud, educación y guarderías, porque un sector de los políticos brasileños aprobó una enmienda constitucional que limitaba el ‘techo de gastos’, ¡que supondrá que en el año 2015 se hayan perdido 45 mil millones en educación! Es decir, falta dinero porque tenemos una política económica aprobada por aquellos políticos que dicen dónde tienen que “faltar” recursos. 

Si, la corrupción es un problema “estructural” brasileño, es decir, está en nuestras raíces históricas. Heredamos de Portugal el estigma de la colonización explotadora y también un modelo de estado, al que llamamos patrimonialista, que, en resumen, viene siendo un estado en el que apenas se diferencia entre lo público y lo privado. Ese es el origen de la corrupción en nuestro país, agravada a su vez por diversos factores, entre ellos el financiamiento privado de las campañas políticas. 

“No voy a votar a nadie en estas elecciones, son todos unos corruptos”, escuchamos a menudo por ahí. ¿Y si apareciese un candidato de quien usted tiene la certeza de que es incorruptible, sería suficiente para que obtuviese su voto?

¿No querría saber cuál sería la política económica y social de ese candidato para aumentar los gastos en salud y educación y disminuir las partidas de gastos financieros? ¿No querría saber lo que ese candidato haría en relación con la cesión de nuestras riquezas naturales a los capitalistas internacionales? ¿Tampoco le importa saber si ya llegó a su término la política de revalorización del salario mínimo? ¿Y finalmente, tampoco va a querer saber cuáles van a ser las políticas de ese candidato para poner fin a las desigualdades sociales, que son el principal problema de Brasil? 

Esas preguntas desaparecen bajo el discurso de que tan sólo importa combatir la corrupción, vaciando la política y abriendo espacios para los supuestos “técnicos” y “buenos gestores”, que en el fondo se aprovechan de tu ojeriza a la política para hacer política en beneficie de su clase social -que obviamente no es la del ‘apolítico’ que piensa de esa forma-.

Respondiendo a las preguntas hechas en el primer párrafo. Brasil puede quedar libre de corrupción, pero el problema seguirá existiendo. Es necesario cambiar la política económica, que permite que el dinero público sea usado únicamente para favorecer a las élites, nunca al pueblo brasileño. ¡Abra los ojos!

Edición: Daniela Stefano | Traducción: Alfredo Iglesias Diéguez/Rebelión