Protesta popular

Grito de los Excluidos denuncia la violencia, el costo de vida y la prisión de Lula

El mísmo día de la Independencia de Brasil, movimientos y pastorales sociales organizan actos en distintas ciudades

Brasil de Fato | São Paulo (SP)

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En São Paulo, activistas salieron en marcha por la ciudad / Rute Pina

El mismo Día de la Independencia de Brasil acontece por todo el país movilizaciones del Grito de los Excluidos, protesta anual realizada por movimientos populares y pastorales sociales. El acto no ocurre el 7 de septiembre por un acaso: es una invitación a aquellos tomados por el espirito de patriotismo para un debate sobre la construcción de una nación más democrática y menos desigual.

“El hecho de los movimientos populares salieren a las calles a protestar el día 7 de septiembre es para expresar sus gritos y manifestaciones políticas, culturales y sociales. Es también una forma de sacar a los espectadores de las gradas, desde donde miran a los desfiles militares [por la Independencia]. Una manera para que ellos salgan de la posición de espectadores para la posición de protagonistas en la calle. Presentando agendas de interés para la mayoría del pueblo, que está apartada de los derechos”, afirma José Carlos Pereira, del Centro de Estudios Migratorios y participante del Grito de los Excluidos.

Con un lema nacional en cada edición, la protesta acontece desde 1995 y tiene un conjunto de actividades, como marchas, actos públicos, conferencias y clases a lo largo de la semana del 7 de septiembre en diversas ciudades de Brasil. En 2018, el 24º Grito de los Excluidos y Excluidas trae como lema “Desigualdad genera Violencia: Basta de Privilegios”. 

Pereira explica que la elección del lema se debe al actual escenario político de golpe y retrocesos sociales. “Ese lema viene para cuestionar todo eso, por distintos lados, y también viene para afirmar que hay otras agendas posibles para se construir, retomando el Proyecto Popular para Brasil”.

En Brasília (DF), el Grito ocurrió en la Explanada de los Ministerios, entre la Biblioteca y el Museo Nacional. Del otro lado acontecían las festividades oficiales de la Independencia de Brasil.

Sueli Bellato, de la Comisión Justicia y Paz, explicó el lema de esta edición: “Hace más de 20 años, el Grito de los Excluidos reúne a los sectores de la Iglesia, de los movimientos y de los partidos para denunciar las desigualdades. Un lema que está presente en la sociedad es la violencia. Nosotros entendemos que ella es consecuencia, no es causa, de la mala distribución y de la injusta organización social que tenemos.”

El reciente episodio de la violencia contra el candidato de ultraderecha a la Presidencia, el militar de la reserva Jair Bolsonaro, también es comentado por Bellato, que categorizó el episodio como “lamentable”. 

“Infelizmente, violencia genera violencia. Y la paz atrae la paz. Que él se recupere lo más pronto posible. Y que él cambie su postura, porque nosotros también lamentamos mucho cuando la Caravana de Lula fue atacada a balazos en el Sur del país. La violencia no nos hará una nación mejor”, dijo.

En São Paulo, militantes de movimientos populares, pastorales sociales, sindicatos y partidos salieron en marcha de una plaza cerca de Avenida Paulista en dirección al Parque del Ibirapuera. En una declaración pública, los movimientos criticaron la reforma laboral y precarización del trabajo; el aumento del desempleo e del costo de vida; y el congelamiento de los gastos públicos.

Maria Aparecida, de 55 años, es militante hace más de 30 años del movimiento de vivienda en la Vila Arapuá, zona sur de la capital de São Paulo. Para ella, el incremento del costo de vida empeora aún más el alto índice de desocupación. Ella sostenía un cartel que denunciaba el número de 13,5 millones de desocupados durante el gobierno de Michel Temer.

“Si el trabajo está difícil, para comprar es aún peor. Si el mercado laboral cierra las puertas y las personas no tienen más empleo, no hay como hacer compras. Está muy caro el precio del gas, de la luz, casi no es posible pagar las cuentas”, lamenta.

Otro reclamo del Grito de los Excluidos y de las Excluidas es la libertad de Lula, preso hace más de 150 días en la sede de la Policía Federal en Curitiba.

La socióloga Susana Inês Basualdo, de 58 años, que ha participado de otras ediciones de la protesta, afirma que este año el acto tiene una simbología aún más importante en razón de la prisión política del expresidente. “La prisión de Lula es una señal clara que no quieren que el pueblo mejore su vida, que quieren mantener la desigualdad en el país, mantener el poner en manos de pocos.”

*Colaboraron Rute Pina, Rafael Tatemoto e Luciana Console.

Edición: Diego Sartorato y Juca Ferreira | Traducción: Vivian Fernandes