FUERZAS ARMADAS

Gobierno de Bolsonaro tiene cerca de 130 militares en cargos de confianza

Para historiadora, ideología que moviliza tales actores tiende a trabar políticas públicas ligadas a intereses populares

Leia em português | Read in English | Brasil de Fato, en Brasilia

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Jair Bolsonaro (PSL) durante un evento del Ejército / Fernando Souza/AFP

Un levantamiento publicado por el diario O Estado de São Paulo el último sábado (2) mostró que cerca de 130 representantes de las Fuerzas Armadas están presentes actualmente en el Poder Ejecutivo federal en el gobierno de Jair Bolsonaro (Partido Social Liberal).

Distribuidos en funciones de diferentes niveles de gerencia, ellos están en el primer nivel del gobierno, representando ocho del total de 22 ministros, con participación en diferentes áreas, como seguridad institucional, infraestructura, transparencia pública, minas y energía, ciencia y tecnología, etc.

De acuerdo con otro conteo realizado por ese mismo diario en diciembre pasado, el número de militares en la cúpula de gestión es mayor que el del gobierno del general Castelo Branco (1964-1967), que dio la largada al ciclo dictatorial en Brasil y que sumaba cinco ministros con ese perfil.

Además de eso, representantes de las Fuerzas Armadas ocupan cargos de dirección en el segundo y en el tercer niveles de la gestión de Bolsonaro, como secretarías, jefes de gabinete, directores y otros núcleos de poder, por ejemplo, las presidencias de la Fundación Nacional del Indio (FUNAI) y del Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria (INCRA). 

Para Rosa Cimiana dos Santos, integrante del Comité de Acompañamiento de la Sociedad Civil (CASC) que trabaja junto con la Comisión de Amnistía del Ministerio de Justicia, el retorno de militares al poder gubernamental pasa por una superación aún incompleta del período de la dictadura.

Ella considera que este proceso venía dando señales desde el gobierno de Michel Temer (MDB), en el que el ministro de Justicia, Torquato Jardim, por ejemplo, contaba con militares entre sus asesores. El ahora ex ministro tuvo, en el pasado, vinculación con la dictadura militar, ocupando diferentes cargos a lo largo del período, como el de Jefe del Gabinete Civil de la Presidencia del gobierno de João Figueiredo (1981-1985).

“Ellos [los militares] sólo estaban quietos, dentro del armario, pero ahora salieron, y salieron con toda la fuerza. Ellos ya venían preparándose hace mucho tiempo, y creo que nosotros, como izquierda, ex perseguidos y actuales perseguidos políticos, no nos preparamos. Creímos que estábamos virando una página de la historia. Si usted no castiga a los torturadores, eso no queda bien resuelto, no se resuelve”, señala.

Para la historiadora Ana Rita Fonteles, profesora del Departamento de Historia de la Universidad Federal de Ceará (UFC), la presencia del ala militar en el gobierno suscita diferentes niveles de análisis. Ella destaca, en primer lugar, los rasgos que demarcan, de modo general, la presencia de representantes de las Fuerzas Armadas en el poder.

“Ellos no están en igualdad de condiciones en la política porque detentan armas y, además de eso, un ethos [conjunto de costumbres y hábitos] que es diferente del de los políticos del mundo civil – una jerarquía propia, una dificultad muy grande para lidiar con la cuestión de la diversidad de convicciones, de la pluralidad de opiniones, y la cuestión principal de poder imponer u obstaculizar determinadas posiciones a partir de las armas y de sus intereses”, analiza.

Historia

Analizando la línea de tiempo de la historia de Brasil, la investigadora subraya que no es novedad la presencia de miembros de las Fuerzas Armadas en movimientos o acciones de cuño político. Ella añade que esa participación va más allá del período de la dictadura civil-militar (1964-1985) y que no siempre los militares actuaron políticamente en defensa de prácticas autoritarias y conservadoras.

La profesora destaca que, en diferentes momentos, hay registro de la participación de actores militares en insurrecciones de naturaleza más democrática. Ella cita como ejemplo la figura de Luis Carlos Prestes, teniente y político comunista que lideró la llamada Columna Prestes. Crítico del período de la República Vieja, el movimiento luchaba por asuntos como el voto secreto y la obligatoriedad de la enseñanza pública primaria.

Ana Rita Fonteles comenta, sin embargo, que los militares que están hoy en el escenario político se encuadrarían en un perfil situado en otro espectro, volcado hacia la defensa de los intereses de grupos como la elite agraria y económica, el capital financiero, entre otros.

“Son grupos a favor, por ejemplo, de la revocatoria de la demarcación de tierras indígenas, que defienden el avance sobre las tierras en la Amazonía para el desarrollo de una agricultura depredadora, que combaten a los movimientos sociales, que no creen en la política como campo de relaciones propias para la discusión de determinados temas, que quieren liberar las armas”, ejemplifica la historiadora.

Edición: Luiz Felipe Albuquerque y Vivian Fernandes | Traducción: Pilar Troya