Presos Políticos

Ex prisioneros, liberados, organizan solidaridad con actuales detenidos en EEUU

Comités de apoyo a los presos políticos norteamericanos es estimulado por activistas que salen de la cárcel

San Francisco y Nueva York, para Opera Mundi*

,
“Los presos políticos no están condenados apenas legalmente”, explica Marks, al justificar la creación de los Archivos de la Libertad / Reproducción/Archivos de la Libertad

El pequeño chalet entre las calles Valencia y 16, de un barrio predominantemente latino de San Francisco, en California, es escenario del principal centro de memoria y difusión de la causa de los presos políticos norteamericanos.

Fundando en el año 2000, los Archivos de la Libertad reúnen diez mil horas de audio y video, además de millones de documentos sobre movimientos contestatarios en los últimos cincuenta años, especialmente sobre la trayectoria de militantes condenados o asesinados por crímenes de rebelión.

El principal dirigente de esta organización sin fines de lucro es Claude Daniel Marks, de 66 años, un radialista que hace parte de la historia narrada en el material recogido por la organización.

Su semblante llegó a ser publicado en carteles con los diez más prófugos de la ley de los Estados Unidos, la celebre pieza de cacería del FBI a hombres y mujeres clasificados como criminosos de gran peligro.

Mares y Donna Jean Willmott, hoy con 66 años, eran acusados de encabezar un complot de fuga, en 1985, del líder independentista puertorriqueña llamado Oscar Lopez Rivera, desde 1981 cumpliendo la pena de 70 años por conspiración sediciosa.

La dupla vivió en la clandestinidad durante casi diez años, hasta entregarse en la oficina del FBI en Chicago, el día 7 de diciembre de 1994. Marks cumplió cuatro de los seis años de su sentencia final. Dona salió en libertad después de 27 meses.

“Los presos políticos no están condenados apenas legalmente”, explica Marks, al justificar la creación de los Archivos de la Libertad. “Su imagen también es víctima de una campaña negativa permanente, para que sirvan de ejemplo a quien eventualmente desee seguir sus pasos y se conmueva con cualquier acto de solidaridad. Por eso es tan importante recuperar su historia y producir instrumentos que puedan llevarla al mayor numero de personas posible”.

Los elogiados documentales Legacy of torture, Voices of three political prisoners, Charisse Shumate: fighting for our lives y Self respect, self defense e self determination, son algunos de las principales realizaciones de su equipo.

Son un tiro de gomera comparado con el poder de los grandes estudios de cine y televisión, pero iniciativas como estas permiten una cierta pluralidad de abordaje en una sociedad en la cual la disidencia política antisistémica es tratada como tabú.

“Existen muchas ilusiones sobre la publicitada democracia norteamericana”, resalta Donna. “Los instrumentos de control de la información son feroces. Los más jóvenes, por ejemplo, poco saben sobre las luchas del pasado, el peso del racismo en el orden social o el papel colonialista – interno y externo – del Estado norteamericano”.

Marks reclama del abandono al cual están relegados los presos hasta en círculos de izquierda, “que se sienten descontentos con la propaganda sobre la naturaleza violenta de la acción política ejercida por grupos más radicales en los años 60, 70 y 80”.

Sin embargo, ninguno de los dos ve con optimismo una solución para el caso.

“No hay una única salida”, analiza el director de los Archivos de la Libertad. “Los crímenes federales dependen del perdón de la Casa Blanca, los estatales del indulto de los gobernadores, además de situaciones que aún dependen del desenlace judicial”.

Para Donna, lo que podría ayudar sería la presión internacional.

“Si los Estados Unidos fuesen denunciados en organismos mundiales, de la misma forma que hacen con gobiernos adversarios de sus intereses, sería más fácil buscar algún acuerdo para esta tragedia”, defendió.

Otro de los problemas es la falta de unidad entre los simpatizantes de los presos políticos. Cada uno de ellos posee su propio comité de solidaridad, con agentes y acciones que raramente se articulan con los demás, parcialmente reproduciendo las divergencias político-ideológicas de los grupos y sub grupos a los cuales pertenecían al caer presos.

Movimiento Jericó

Una importante iniciativa para romper esta división ocurrió en 1998, con una marcha delante de la Casa Blanca que llevó al surgimiento del Movimiento Jericó. La iniciativa partió de Jalal Muntaqim, uno de los mas afectados condenados, que lanzó un manifiesto proponiendo la union de todos los sentenciados políticos de los Estados Unidos.

La entidad aún existe, pero jamás logro abrigar todas las causas. Otras experiencias fueron apareciendo y parando con limitada harmonía.

Centenares de liberados de las últimas décadas, de un modo u otro, acabaron asociándose al esfuerzo de sacar a los demás del cautiverio. Pero la energía consumida por este emprendimiento parece tener enorme dificultades para generar sinergía.

La periodista y editorial Laura Jean Whithorn, de 71 años, es una de las activistas que, después de cumplir su sentencia en la cárcel, se viene dedicando a ayudar al resto de los presos políticos.

Hija de una familia judaica de Brooklyn, fue militante de los Weathermen Undergraund, la principal organización de izquierda revolucionaria blanca. Luego perteneció a una de las organizaciones nacidas de aquella agremiación, la Organización Comunista 19 de Mayo, que se especializó – entre los años 70 y 80 – en la explosión de las instalaciones militares, principalmente en Nueva York y Washington DC.

Encarcelada en mayo de 1985, Laura acabó condenanda a más 20 años, pero recibió la libertad condicional a los 14 años de cumplida la pena.

Pudo volver a la actividad política a partir del 2005 y participa en varias asociaciones de colaboración con los presos, además de actuar en publicaciones que tratan el tema directa o indirectamente ligados a asuntos carceleros.

Sus ideas sobre que hacer, sin embargo, son peculiares. “El caso de los presos políticos es marginal en nuestro país”, afirmó. “Por más que trabajemos a su favor, hay un enorme muro de contención en la opinión pública. Sólo romperemos ese aislamiento se abordamos el tema como parte de la lucha contra el encierro en masa, una de las faces más brutales y explícitas de la violencia de Estado”.

El camino que ella apunta pasa por levantar banderas como edad máxima para restricción profesional, liberación en caso de efemérides graves, mecanismo más generosos del progreso penal, eliminación de reclusión para delitos sin sangre.

Su ex compañera de organización y colega de cárcel, Susan Lisa Rosenberg, 61 años, encontró otras formas de contribuir para la campaña libertaria: se dedicó buena parte del tiempo, después de salir de la prisión, a escribir su biografía, titulada An american radical: a political prisoner in my own country, lanzada en el 2011.

Varios antiguos presos políticos han optado por colocar en el papel su experiencia. De hecho, en la última década, hay una pequeña ola literaria con publicaciones de género, que terminan por auxiliar en la divulgación de ese drama originario de los años rebeldes.

Susan fue detenida con explosivos, en 1985, durante un operativo policial. Vinculada desde la escuela secundaria, fue el último capitulo de su vida política antes de conocer las peores mazmorras del país.

Condenada a 58 años. Se benefició de un indulto del presidente Bill Clinton concedido el último día de su mandato, que redujo la pena a 23 años y permitió su inmediata libertad condicional.

Para ella, la solidaridad a los presos va más allá de una cuestión humanitaria, presenta el rescate del compromiso de una generación.

“Cometimos terribles errores, creyendo en alternativas que no tenían cualquier chance de dar cierto” , confesó. “Pero nada de lo que hicimos fue en vano. Luchamos por lo que valía la pena luchar, por sueños que continúan actuales”.

Acceda a la nota original en portugués

*Traducción: María Julia Giménez