VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES

Debate | La cultura de la violación en cuestión

Brasil registró 3.526 casos de violaciones colectivas en 2016

Brasil de Fato | Recife, estado de Pernambuco

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El año pasado fueron registrados 3.526 casos de violaciones colectivas, una media de diez casos de este tipo por día / Emanuela Castro / Acervo de la Casa de la Mujer del Nordeste

Números divulgados en agosto de este año por el Ministerio de Salud señalan datos chocantes sobre violaciones colectivas en Brasil. Según investigaciones, el año pasado el país registró 3.526 casos de violaciones colectivas, lo que en promedio significa diez casos de este tipo de abuso por día. Estos números encendieron de nuevo la discusión sobre la temática de la cultura de la violación, término bastante debatido en el país actualmente y que se refiere a los valores e ideas producidos y reproducidos por la sociedad que banalizan o naturalizan prácticas de violación del cuerpo de las mujeres.

Segundo la socióloga francesa Colette Guillaumin, la coacción sexual es una práctica utilizada para oprimir a las mujeres, amenazarlas, demostrar su subyugación en las relaciones privadas y también públicas. “En el espacio privado, nos referimos a la norma propia de la cultura patriarcal, aún muy sedimentada en la sociedad brasileña, de obligación del sexo en el matrimonio, lo que lleva a que muchos casos de violación ocurran en el matrimonio. Mientras tanto, me gustaría resaltar que la violación no es una cuestión solo cultural, sino una práctica de opresión y dominación material sobre las mujeres; histórica, practicada por los hombres como forma de apropiación del cuerpo femenino”, explica Verónica Ferreira, investigadora y educadora del SOS Corpo - Instituto Feminista para la Democracia y militante feminista del Fórum de Mujeres de Pernambuco (FMPE).

El Código Penal brasileño tipifica la violación en el artículo 213 en el capítulo sobre crímenes contra la dignidad sexual. La conducta prevista en la referida ley establece que la violación ocurre cuando la persona es obligada, mediante violencia o grave amenaza, a tener conjunción carnal o a practicar o permitir que con él se practique otro acto libidinoso. Por las características con las que el crimen es practicado, el Supremo Tribunal de Justicia entiende que este tipo de crimen es considerado atroz, ya que es visto como uno de los crímenes más violentos y repugnantes a la dignidad humana.

Según la Secretaría de Defensa Social (SDS) de Pernambuco, 21.256 violaciones fueron registradas en el estado entre los años de 2006 y 2016. Para la delegada Ana Elisa Sobreira, titular de la Delegación Especializada de la Mujer del barrio de Santo Amaro, en Recife, el papel de la delegación de la mujer en los casos de violación es fundamental para ayudar a la concientización femenina sobre la necesidad de denunciar los crímenes sexuales.

“Tenemos la misión de dar total apoyo a las mujeres víctimas de violencia sexual, así como de orientarlas a través de los medios de comunicación, a denunciar cada vez más esos casos para que el poder público pueda responsabilizar a los agresores. Al llegar a la delegación se registra una denuncia y la mujer víctima de violencia sexual será encaminada al IML (Instituto Médico Legal) para hacer examen del cuerpo del delito, así como a un hospital para realizar exámenes y recibir medicamentos antirretrovirales para impedir la contaminación por VIH, por ejemplo, y la píldora del día después”, resalta.

Desde 2011, los datos sobre violencias sexuales se volvieron de notificación obligatoria por los servicios de salud y son estructurados en el Sistema de Información de Enfermedades de Notificación Obligatoria (SINAN por sus siglas en portugués) del Ministerio de Salud.

El machismo también aparece como uno de los grandes causantes de ese tipo de agresión, toda vez que la sociedad no educa a hombres y mujeres como iguales y toda esa desigualdad creada contribuye para que la mujer sea vista en posición de inferioridad. Esa cultura del machismo, sembrada muchas veces de forma velada, coloca a la mujer como instrumento de deseo y de propiedad del hombre, lo que termina legitimando y alimentando diversos tipos de violencia, entre ellos la violación.

La delegada también alerta sobre las prácticas que a veces son vistas como inofensivas por muchos hombres, como los piropos, por ejemplo, pero que pueden legitimar otras violencias, como la violación y hasta inclusive el feminicidio. “A priori, el hombre busca de manera menos invasiva conquistar a la mujer, siendo que como muchos de ellos no fueron educados para respetar la figura femenina ante una respuesta negativa, él puede evolucionar de un simple piropo a una violencia propiamente dicha, una vez que, muchos ven a la mujer como objeto y no como persona. Lo que revela un gran problema en la construcción social de ese individuo”, destaca.

Para Cecilia Nascimento, integrante del Colectivo de la Marcha de las Putas de Recife, hay una naturalización y respaldo social para que las mujeres sean violentadas. “A partir de la lógica de la cultura de la violación, a los hombres se les enseña que los cuerpos de las mujeres les pertenecen, no es casual el refrán que dice: ‘ate sus cabritas que mi chivo está suelto’, o sea, quien tiene que protegerse son las mujeres, mientras que a los hombres no se les enseña a respetar. No puede salir de casa con ropa corta, no puede quedarse en la calle hasta tarde, todo para que evitemos ser violentadas. Hay una serie de violencias que sufrimos como consecuencia de la cultura de la violación, como el asedio y otras violencias cotidianas”, justifica.

Recife es conocida por la fuerte presencia de movimientos de mujeres, y nuevos colectivos surgen cada año enfrentando el machismo y la desigualdad de género. Uno de esos grupos es la Marcha de las Putas, que surgió en 2011, y desde entonces, el combate contra la cultura de la violación y la violencia sexual son banderas del colectivo.

Cecilia cree que las mujeres necesitan crear estrategias colectivas, encontrar salidas para enfrentar el miedo. “Se nos enseña a no confiar en otra mujer, por causa de la cultura patriarcal, eso acaba generando un aislamiento. Necesitamos construir redes de fortalecimiento y de cuidado, como son los colectivos y movimientos de mujeres”, cuenta.

La lucha por el fin de este tipo de violencia existe, pero es necesario que haya una concientización sobre el hecho de que la sociedad aún sexualiza a la mujer a través de diversos medios. “Una sociedad en las mujeres son tratadas como objeto sexual, sobre todo las mujeres negras, en los medios de comunicación, en la música e inclusive en la literatura y, claro, en la vida cotidiana, refuerza e incentiva la práctica de la violación contra las mujeres y la idea de que nuestro cuerpo puede ser violado por los hombres”, puntúa la investigadora y feminista, Verónica Ferreira.

La educación de género es una medida necesaria para que la concientización sobre la importancia del respeto a las mujeres sea propagada y diseminada a las futuras generaciones. El mayor obstáculo para eso aún es el crecimiento del conservadorismo dentro de la sociedad que hoy avanza en nuestro país y, en particular, contra los sectores fundamentalistas en los poderes legislativos que quieren prohibir el debate sobre género en los currículos escolares.

La educación es muy importante para enfrentar los valores patriarcales que son sedimentados desde muy temprano por la sociedad en niñas y niños. Sin embargo, no es condición suficiente. “Para combatir la práctica de la violación, necesitamos transformar las relaciones sociales de dominación y explotación de los hombres sobre las mujeres. Mientras no las transformemos, son necesarias una serie de acciones a nivel del Estado, de la sociedad, de los movimientos sociales, para denunciar y enfrentar esta violencia contra nosotras mujeres”, refuerza Verónica.

Edición: Monyse Ravena | Traducción: Pilar Troya