REFORMA AGRARIA

Se desarrolla la 17ª Jornada de Agroecología en Brasil

Las semillas criollas representan la lucha por el acceso a la tierra, dice agricultora

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Una de las principales luchas del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) es por el derecho del uso de granos y semillas / Reproducción Flickr

“Este grano de aquí es criollo, con el usted puede plantar hoy, mañana, el año que viene, no hay fin. Tener como replantar a partir de la propia producción es muy importante para toda la humanidad”, dice Vanda Monteiro, 32 años, que desarrolla el cultivo de maíz, frijol y hortalizas en el asentamiento Profesor Luiz David de Macedo, en el Vale do Ribeira, en São Paulo.

Una de las principales luchas del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) es por el derecho al uso de granos y semillas. Actualmente, la mayor parte de su producción está en manos de grandes compañías del sector del agro negocio como Bayer, Monsanto y Syngenta.

El problema es que, además del precio inaccesible a pequeños productores, los granos comercializados por esas empresas son transgénicos, o sea, modificados en laboratorio.

Transgénicos

Llamados granos híbridos, esas semillas sirven solo para una siembra. El grano que nace de esa producción es infértil y, si se replanta, no genera plantación posterior a la zafra actual. Es como si el grano tuviera una "plazo de expiración definido".

Las grandes corporaciones detentan los derechos sobre el código genético de esas semillas. Eso perjudica a la producción de pequeños productores que quedan a merced de ese mercado, ya que las semillas híbridas también pueden contaminar la producción de la agricultura orgánica.

Vanda comenta que vivió por tres años en la orilla de la vía BR-116. “Fue una lucha muy difícil, al comienzo sembrábamos sólo lo que comíamos, porque no teníamos espacios, pero hoy, gracias a Dios, ya tenemos nuestra producción y atendemos a la región comercialmente”, cuenta.

La agricultora dice además que unas de las preocupaciones de todos los productores en el asentamiento es la producción de alimentos agroecológicos, y eso depende del acceso a granos que no sean transgénicos. “La semilla híbrida es cara y acabamos volviéndonos dependientes de ella para producir en grandes cantidades. Necesitamos usar el [grano] criollo, que es natural, libre de alteraciones y no hace mal a la salud”, dijo Vanda.

El uso de semillas criollas trae además beneficios directos para el medio ambiente, pues mantiene la biodiversidad local, una vez que son adaptadas a las características del espacio en que son nativas.

No sustentable

Según datos levantados en 2017 por el Servicio Internacional de Adquisición de Aplicaciones en Agrobiotecnologia (ISAAA), Brasil es el segundo país que más produce alimentos genéticamente modificados. El principal producto actualmente es la soja, cuya patente está en las manos de menos de 2% del mercado –y, aún así, se trata de empresas de capital extranjero.

El modelo agrícola basado en el uso de semillas transgénicas, de esa forma, acaba volviéndose no sustentable. Los riesgos también surgen en relación a la diversidad de los alimentos que pierden espacio ante el monocultivo, disminuyendo la autonomía y sustentabilidad de las especies de granos.

“Mientras haya esas grandes empresas vendiendo esos tipos de semillas, no vamos a tener un verdadero acceso a la tierra. Es necesario insistir en eso, para seguir con nuestra lucha” enfatiza Vanda.

*Natalia Novais participa del proyecto Reportero del Futuro, de Oboré.

Edición: Diego Satorato | Traducción: Pilar Troya