ELECCIONES

¿Cómo actuaron los candidatos en las elecciones presidenciales de Brasil?

La abismal diferencia entre las estrategias de Bolsonaro y Haddad señala la polarización entre sus proyectos políticos

Leia em português | Brasil de Fato | Brasília

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Según el instituto Datafolha, Bolsonaro tiene el 48% de intención de voto y Haddad el 39% / Fabio Rodrigues Pozzebom/José Cruz/Agência Brasil

Este domingo, 28 de octubre, los electores brasileños decidirán su próximo presidente. En un escenario de intensa polarización política, los dos candidatos tienen perfiles políticos opuestos. Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT), vinculado a las fuerzas de izquierda y progresistas, mientras Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal (PSL), representa la ultraderecha y es conocido por sus prácticas y discursos autoritarios.

Más allá de las diferencias en sus trayectorias políticas y la posición individual de los dos candidatos, hubo un intenso juego de estrategias en la disputa. Bolsonaro trabajó para consolidar su ventaja en las regiones sur, sudeste y centro-oeste del país, mientras Haddad intentó ampliar su expresiva votación en la región noreste y, a la vez, recuperar los votos que perdió en la región norte del país, si se compara el desempeño de su partido, el PT, en las elecciones anteriores.

A lo largo de la campaña en la segunda vuelta, iniciada oficialmente el 12 de octubre, con cierre este sábado (27), los dos contaron con el apoyo de diferentes sectores políticos.

El líder ultraderechista tiene a su lado, en este momento de la disputa, partidos como el Partido Laborista Brasileño (PTB) y el Partido Social Cristiano (PSC), conservadores. Además, el candidato contó con el apoyo de la emisora TV Record, donde concedió entrevistas de gran visibilidad en las últimas semanas y que es comandada por el obispo evangélico Edir Macedo, fundador de la Iglesia Universal.

Para dialogar con el público de la emisora, exploró el tema de la ideología de género e incluso fue penalizado por el Tribunal Superior Electoral (TSE), que prohibió al candidato difundir de noticias falsas contra el PT en internet, vinculadas al supuesto “kit gay”. El “kit gay” se trata de un libro de educación sexual que, según afirmó Bolsonaro durante sus entrevistas, habría sido aprobado por el Ministerio de Educación cuando Haddad estaba al frente.

En realidad, el libro, Aparato sexual y cia, de los escritores Hélène Bruller y Philippe Chappuis, fue distribuido por el Gobierno en algunas bibliotecas. En 2004, durante la gestión de Haddad, se creó el programa ‘Escuela sin homofobia’, para distribución de una cartilla destinada a educadores que buscaba promover el debate sobre la discriminación sexual. Sin embargo, nunca llegó a ser puesto en práctica. Tampoco el material didáctico fue aprobado, ni distribuido debido a presiones de la bancada evangélica en la Cámara de Diputados.

El ultraderechista cuenta también con el apoyo de los sectores del agronegocio y terratenientes, del mercado financiero, de una parte expresiva de la clase empresarial y de sectores evangélicos conservadores. 

A la par, Bolsonaro cuenta con movimientos de derecha – como el Movimiento Brasil Libre (MBL) y el Vem pra Rua [Ven a la Calle], surgidos al calor de las manifestaciones de junio de 2013.

En contraposición, Haddad y su candidata a vicepresidenta, Manuela D’Ávila, del Partido Comunista de Brasil (PCdoB) intentaron aproximarse de los sectores progresistas de las iglesias evangélicas neopentecostales, afirmando que el mensaje del cristianismo es amor, no odio.

El candidato cuenta con el apoyo de partidos como el Partido Socialismo y Libertad (Psol), Partido Republicano del Orden Social (Pros), Partido Socialista Brasileño (PSB), Partido Socialista de Trabajadores Unificados (PSTU), Partido Patria Libre (PPL) y una parte del Partido Democrático Laborista (PDT por sus siglas en portugués). Algunos sectores del Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB), como el ex gobernador de São Paulo, Alberto Goldman, uno de sus fundadores.

Haddad también logró el apoyo de la ambientalista Marina Silva, de la Rede Sustentabilidad, que no se involucró en la campaña del candidato petista, pero declaró su voto bajo el argumento de preocupación ante un posible avance del proyecto político de Bolsonaro.

En el ámbito de los sectores religiosos, Haddad también intentó aproximarse de sectores de la Iglesia Católica, como la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB). En el sector de cultura, cuenta con el respaldo de gran parte de los artistas nacionales.

Como comenta el politólogo Thiago Trindade, del Instituto de Politología de la Universidad de Brasilia, el PT tiene un vínculo con los movimientos populares, con una larga trayectoria de luchas sociales en el país, como la Central Única de los Trabajadores (CUT), el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) y el Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST).

“Se trata de un apoyo al proyecto del PT. Es un apoyo político-programático, independientemente de quién sea el candidato del partido. El PT tiene una base social que aun puede movilizarse”, comenta el investigador.

Comunicación

La segunda vuelta de las elecciones presidenciales también cuentan con nuevos factores como, por ejemplo, la ausencia de los tradicionales debates televisivos entre dos candidatos. Haddad y Bolsonaro no se enfrentaron en ningún momento, debido al rechazo del ultraderechista a las invitaciones para debatir con su opositor, una de sus estrategias.

Es la primera vez que esto pasa en Brasil desde la redemocratización post dictadura militar. En algunos momentos, él alegó que su ausencia se debe a su salud, afirmando que aún tiene limitaciones físicas debido al ataque con cuchillo recibido en septiembre durante un acto de campaña en Minas Gerais. En otros momentos, Bolsonaro admitió ausentarse como una opción de su campaña. El candidato del PSL lidera el ranking en los sondeos de intención de voto y estaría preocupado por un enfrentamiento directo con Haddad, lo que podría poner su candidatura en desventaja en la recta final. Entre bastidores y en sus redes sociales, el candidato fue blanco de bromas debido a su negativa de participar de los debates.

El representante de la extrema derecha participó en dos debates antes de la primera vuelta, realizados en agosto, y rechazó las invitaciones de sus emisoras en la segunda vuelta.

Su campaña se basó en apariciones en la prensa y redes sociales, además de la tradicional publicidad electoral televisiva y radial. También intensificó su campaña en WhatsApp, en una de las más grandes denuncias de esta contienda electoral.

Un reportaje investigativo publicado en el diario brasileño Folha de São Paulo denunció que empresas pagaron para difundir masivamente mensajes contra el Partido de los Trabajadores (PT) por WhatsApp.

Estas acciones pueden ser consideradas ilegales porque donaciones de empresas a campañas están prohibidas desde 2015.

La repercusión del reportaje de Folha de S. Paulo llevó a una otra polémica vinculada a Bolsonaro: el candidato reaccionó y criticó duramente la acción, afirmando que, caso gane las elecciones, pretende recortar el presupuesto publicitario del gobierno destinado a ese diario.

El sociólogo, periodista y profesor de la Universidad de São Paulo (USP) Laurindo Leal destaca que la declaración del candidato necesita ser interpretada dentro de un contexto más amplio, que es la posición de Bolsonaro en relación a las libertades.

"Él ya apuntó en varios momentos que, si es elegido, va a acabar con la libertad de varios sectores, empezando por los movimientos sociales. Dentro de esta serie de restricciones, obviamente, coloca a los medios que no le interesan. La censura del Bolsonaro es una censura selectiva. Mientras los medios de comunicación no molesten, no toma ninguna providencia. [En caso de] cualquier tipo de noticia que no le interese, él adopta una postura fascista ", afirma.

Con relación a la distribución del presupuesto publicitario, también la emisora Red Globo colecciona amenazas del candidato ultraderechista.

:::Elecciones 2018

Edición: Daniel Giovanaz | Traducción: Luiza Mançano