ANTIIMPERIALISMO

Artículo | Sanciones contra Irán y Venezuela durante una pandemia son una crueldad

¿No es hora de que el bloque imperialista, liderado por EE. UU., acabe con las sanciones contra Cuba, Irán, Venez

Traducción: Pilar Troya

Globetrotter, un proyecto del Independent Media Institute |
Activistas de Code Pink en una protesta frente al Departamento del Tesoro de Estados Unidos - Reproducción

La enfermedad del coronavirus (COVID-19) se desplaza rápidamente, atravesando continentes, cruzando océanos, aterrorizando a la población de todos los países. El número de infectados aumenta, así como el número de muertos. Se lavan manos, se hacen pruebas, el distanciamiento social es el nuevo lema. Aún no está claro cuán devastadora será esta pandemia, ciertamente, el recuerdo de la experiencia de la gripe española de 1918-1920 pesa fuertemente: una de cada tres personas (500 millones) contrajo la enfermedad y 150 millones de personas murieron. Si se mantuvieran esas proporciones en nuestro tiempo, entonces 2.500 millones de personas contraerían la enfermedad y 750 millones de personas morirían. Esas cifras son espeluznantes.

En medio de una pandemia, se esperaría que todos los países colaboraran de todas las formas posibles para mitigar la propagación del virus y su impacto en la sociedad humana. Se esperaría que una crisis humanitaria de tal magnitud brindara la oportunidad de suspender o poner fin a todas las sanciones económicas inhumanas y a los bloqueos políticos contra ciertos países. Estamos dando vueltas alrededor del punto principal: ¿no es hora de que el bloque imperialista, liderado por Estados Unidos, termine con las sanciones contra Cuba, Irán, Venezuela y una serie de otros países?

Escasez médica

El ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, Jorge Arreaza, nos dijo recientemente que “las medidas coercitivas ilegales y unilaterales que Estados Unidos ha impuesto sobre Venezuela son una forma de castigo colectivo”. El uso de la frase “castigo colectivo” es significativo; de acuerdo con la Convención de Ginebra de 1949, toda política que infrinja daños a toda una población es un crimen de guerra. La política de Estados Unidos, nos dijo Arreaza, ha “resultado en dificultades para la adquisición oportuna de medicamentos.” 

En el papel, las sanciones unilaterales de Estados Unidos dicen que los suministros médicos están exentos, pero esto es una ilusión. Ni Venezuela ni Irán pueden fácilmente, ni comprar suministros médicos ni transportarlos a sus países, tampoco pueden utilizarlos en sus sistemas de salud, mayormente públicos. El embargo contra esos países – en tiempos del COVID-19 – no es solo un crimen de guerra conforme las normas de la Convención de Ginebra (1949), sino que es un crimen contra la humanidad según la definición de la Comisión de Derecho Internacional de la Organización de las Naciones Unidas (1947).

En 2017, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump promulgó duras restricciones a la capacidad de Venezuela de acceder a los mercados financieros. Dos años después, el gobierno estadounidense puso en lista negra al Banco Central de Venezuela y estableció un embargo general sobre las instituciones estatales venezolanas. Cualquier empresa que comercie con el sector público de Venezuela podría enfrentarse a sanciones secundarias. En 2017, el Congreso de los Estados Unidos aprobó la “Ley estadounidense para contrarrestar a adversarios a través de sanciones” (CAATSA por sus siglas en inglés) que endureció las sanciones contra Irán, Rusia y Corea del Norte. Al año siguiente, Trump impuso una serie de nuevas sanciones contra Irán que asfixiaron la economía del país. Una vez más, el acceso al sistema bancario mundial y las amenazas contra las empresas que comerciaban con Irán han hecho casi imposible que ese país haga negocios con el mundo.

En particular, el gobierno estadounidense dejó en claro que cualquier negocio con el sector público de Irán y Venezuela estaba prohibido. La infraestructura de salud que atiende a la mayoría de la población tanto en Irán como en Venezuela es administrada por el Estado, lo que significa que enfrenta dificultades desproporcionadas para acceder a equipos y suministros, incluidos los kits de pruebas y medicamentos.

Romper el embargo

Arreaza, el canciller venezolano, nos dijo que su gobierno está aleta a los peligros. La vicepresidenta, Delcy Rodríguez, dirige una comisión presidencial para administrar los recursos disponibles. “Estamos rompiendo el bloqueo”, dijo Arreaza, “a través de la Organización Mundial de la Salud hemos obtenido los medicamentos y las pruebas para detectar la enfermedad”. La OMS a pesar de su propia crisis de fondos, ha desempeñado un papel fundamental tanto en Venezuela como en Irán.

No obstante, la OMS enfrenta sus propios retos con las sanciones, especialmente en lo que respecta al transporte. Las duras sanciones han obligado a las empresas transportadoras a reconsiderar la prestación de servicios tanto a Venezuela como a Irán. Algunas aerolíneas dejaron de volar hacia allá, muchas empresas de transporte decidieron no enojar a Washington. Cuando la Organización Mundial de la Salud intentó llevar kits de prueba de COVID-19 desde los Emiratos Árabes Unidos hacia Irán, se enfrentó con dificultades. Como indicó Christoph Hamelmann, “debido a restricciones de vuelos”, los Emiratos enviaron el equipo en un avión de transporte militar. 

Asimismo, Arreaza nos dijo que Venezuela ha “recibido la solidaridad de gobiernos de países como China y Cuba”. Este es un tema clave. China, a pesar de sus propios desafíos con el COVID-19, ha estado suministrando kits de pruebas y equipo médico a Irán y Venezuela. La vigorosa reacción de China al virus es lo que ha frenado su propagación dentro del propio país. A finales de febrero, un equipo de la Sociedad de la Cruz Roja de China llegó a Teherán para intercambiar información con la Cruz Roja iraní y con funcionarios de la OMS. China también donó kits de prueba y suministros. Las sanciones, según nos dijeron los funcionarios chinos, no deberían tener consecuencias durante una crisis humanitaria como esta; ellos no las van a cumplir.

Mientras tanto, los iraníes desarrollaron una aplicación para ayudar a su población durante el brote del COVID-19. Google decidió eliminarla de su tienda de aplicaciones, una consecuencia de las sanciones de los Estados Unidos.

Poner fin a las sanciones

Yolimar Mejías Escorcha, una ingeniera industrial, nos dice que el régimen de sanciones ha puesto mucha presión en la vida cotidiana en Venezuela. Dice que el gobierno “continúa haciendo un esfuerzo para asegurar que las personas que más lo necesitan accedan a salud, educación y alimentos”. La oposición ha tratado de decir que la crisis es una consecuencia de la ineficiencia del gobierno y no un resultado del bloqueo imperialista sobre el país. La semana pasada, nos cuenta, se lanzó una nueva campaña en el país llamada “Las sanciones son un crimen”. Ella espera que esta campaña explique claramente a la gente porque las sanciones son la razón principal para la escasez en su país.

En 2019, un grupo de países se reunió en las Naciones Unidas en Nueva York para discutir las sanciones unilaterales de Estados Unidos que violaban la Carta de la ONU. La intención era trabajar a través del Movimiento de Países No Alineados para crear un grupo oficial que pudiera contestar estas sanciones. El ministro de Relaciones Exteriores, Arreaza, nos dijo que Venezuela apoya esta iniciativa, pero también la declaración de principios redactada por Irán contra el unilateralismo y la queja formal de Rusia respecto a la denegación de visados a sus funcionarios para visitar el edificio de la ONU en Nueva York. “Esperamos reanudar las reuniones una vez que se superen las dificultades presentadas por el COVID-19”, dijo.  Quieren reunirse de nuevo, dijo Arreaza, para “avanzar en acciones conjuntas y concretas”.

Lo que Arreaza nos dijo son iniciativas a nivel interestatal. Al mismo tiempo, hay iniciativas en marcha lideradas por movimientos populares y organizaciones políticas. En noviembre de 2019 en La Habana (Cuba) tuvo lugar una reunión antiimperialista de solidaridad con representantes de 86 países. En esta reunión, se decidió que la atención debe centrarse en el uso inhumano del poder en nuestros tiempos. Se hizo un llamamiento para celebrar una Jornada de Lucha Antiimperialista entre el 25 y el 31 de mayo. El objetivo de la jornada es alertar al público mundial sobre el imperialismo y, en ese contexto, sobre el régimen de sanciones asesino impulsado por los Estados Unidos, aún más mortífero en estos tiempos de COVID-19.

La pregunta que plantea una jornada de actividades como esta, es bastante simple: ¿qué tipo de fibra moral mantiene unido un sistema internacional en el que un puñado de países puede actuar de una manera que va en contra de todas las más altas aspiraciones de la humanidad? Cuando Estados Unidos continúa sus embargos contra más de 50 países – pero sobre todo contra Cuba, Venezuela e Irán – cuando hay una pandemia global en curso, ¿qué dice esto sobre la naturaleza del poder y de la autoridad en nuestro mundo? Las personas sensibles deberían estar ofendidas por tal comportamiento, su evidente malvado cinismo en las muertes no naturales que provoca. Cuando se le preguntó a la Secretaria de Estado de los EE. UU., Madeleine Albright, sobre el medio millón de niños iraquíes que murieron a causa de las sanciones estadounidenses, ella dijo que esas muertes eran “un precio que valía la pena pagar”. Ciertamente no eran un precio que los iraquíes querían pagar, ni ahora los iraníes o los venezolanos, o de hecho la mayoría de la humanidad. Marchamos en mayo en contra esta árida visión del mundo; marchamos por la humanidad. 

Vijay Prashad es indio, historiador, editor y periodista. Es becario de escritura y corresponsal jefe de Globetrotter, un proyecto del Independent Media Institute. Es editor jefe de LeftWord Books y director del Instituto Tricontinental de Investigación Social. Ha escrito más de veinte libros, incluyendo Las naciones oscuras, una historia del tercer mundo, (Atalaya, 2012), Las naciones pobres. Una historia posible del sur global (Península, 2014), The Death of the Nation and the Future of the Arab Revolution (University of California Press, 2016) y Una estrella roja sobre el tercer mundo (Batalla de Ideas, 2019). Escribe regularmente para Frontline, the Hindu, NewsClick, AlterNet y BirGün.

Paola Estrada forma parte de la Secretaría de la Asamblea Internacional de los Pueblos y es miembro de ALBA Movimientos, capítulo Brasil. 

Edición: Vivian Fernandes