FALTA LO BÁSICO

¿Cómo viven las mujeres de la economía solidaria de São Paulo durante la pandemia?

En Brasil, con eventos y ferias artesanales suspendidos, las trabajadoras autónomas vieron caer sus ingresos

Traducción: Isabela Gaia

Brasil de Fato | São Paulo |
AMESOL lanzó campaña de captación de fondos para ayudar a mujeres de la economía solidaria en situación de vulnerabilidad - SOF

Rosana, Eliane y Dinha, mujeres autónomas de São Paulo, viven hoy escenarios muy similares por la pandemia del coronavirus. Las trabajadores vinculados a la Economía Solidaria han visto caer drásticamente sus ingresos desde los primeros días de marzo del 2020.

Sin políticas reales para la situación de pandemia, que podrían haber evitado la proliferación del virus, reducido el número de contaminados y muertos y evitado parte de la precarización de la vida de millones de brasileños, la realidad de quienes viven de ventas y servicios parece estar estancada.

Estas mujeres forman parte de la Asociación de Mujeres de la Economía Solidaria y Feminista del Estado de São Paulo (AMESOL), asociación que trabaja horizontalmente, a través de equipos y comisiones de trabajo - como de finanzas, comunicación e infraestructura - y que busca compartir funciones y ganancias, además de generar capacitación técnica para que las mujeres mejoren sus productos.

La organización también actúa desde un punto de vista político, entendiendo que la autogestión tiene todo que ver con la lucha feminista y su forma de afrontar las formas de trabajo y la división sexual de tareas.

Maria Fernanda Marcelino es historiadora, forma parte de la Marcha Mundial de las Mujeres (MMM) y explicó que la pandemia afectó rápidamente a las mujeres que componen la Economía Solidaria.

“Considerando que estas mujeres solían vender sus productos en mercados abiertos, en eventos, en encuentros y también a una red de consumo consciente y de comercio justo, desde el primer momento hubo una caída brutal en los ingresos de estas personas, ¿no? Y así se redujo drásticamente la venta de productos que no son esenciales”, contó.

“Ya no compras una muñeca, un adorno, una bio joya, un accesorio, ¿verdad? Estos son los productos que elaboran la mayoría de estas mujeres, vinculados al crochet, la artesanía, la costura. Algunos también vinculados a la alimentación”, dijo la historiadora.

Sin los eventos, las mujeres ya no pueden mantener los ingresos que tenían antes de la pandemia. “Como vendes durante el fin de semana para comer durante la semana, y no estás vendiendo, no tienes recursos para comprar ni siquiera lo más básico. Faltan recursos para comprar garrafas de gas, para pagar las facturas de agua y luz y para la comida básica”, concluyó Marcelino.

Pendiente de macramé con anilla de madera, producido bajo pedido / Reproducción/Divulgación

"Mi ingreso hoy es de 200 reales por mes"

Rosana Camilo tiene 42 años y hoy es empleada doméstica, artesana y música, exactamente en ese orden, pero no siempre fue así.

Residente de São Bernardo do Campo, en la región conocida como el ABC Paulista, es licenciada en psicología y trabajó durante algunos años como agente comunitaria de salud, cargo que tuvo que dejar en su momento debido a una depresión severa.

Fue entonces cuando la artesanía, que conoció y empezó a aprender en el 2006, volvió a su vida diez años después. Produce  aretes, pulseras, collares, todos hechos a mano con piedras y con la técnica del macramé, que significa "nudo" y proviene de tejedores turcos que realizaban flecos trabajados sobre toallas.

En 2016 comenzó a invertir en la divulgación de sus productos a través de las redes sociales y a exponerlos en ferias artesanales. A fines del año siguiente, Rosana conoció al movimiento feminista y a AMESOL, quienes la invitaron a exponer en las ferias de la asociación. Este fue el primer contacto de Rosana con la Economía Solidaria.

Hasta el comienzo de la pandemia, esta era su principal ocupación -su marido también estaba empleado- y sus ingresos oscilaban entre 700 y 1.000 reales (130 y 180 USD) mensuales.

Cuando llegó la pandemia, su marido fue despedido ya en el primer mes y se cancelaron las ferias. Ella, que participaba en eventos todos los fines de semana, se desesperó. Rosana es madre de tres hijos y hoy vive con su esposo y su hijo menor, de 11 años.

Como había tenido experiencias trabajando como empleada doméstica desde los 9 años, con la cuarentena se vio obligada a retomar esta actividad como principal fuente de ingresos.

Tras más de un año después de la pandemia, la situación en su casa sigue complicada. Ha estado produciendo solo bajo pedido, lo que ha hecho que sus ganancias mensuales de artesanías disminuyan. Hoy, gana entre 200 y 300 reales (35 a 50 USD) con artesanías al mes.

Rosana dice que las campañas de Economía Solidaria han tenido un gran impacto en el aumento de las ventas durante este período.

“Con la pandemia, todo cambió, especialmente al principio cuando no sabía cómo funcionaban las ventas por internet. Hice un curso para entender cómo podía mejorar este proceso en las redes sociales, aprendí la importancia de las buenas fotos, los subtítulos bien escritos, la interacción con los seguidores, un universo de información y, luego, comenzaron a mejorar las ventas”, dijo la artesana.

“He cobrado 12 mil reales y hoy en la pandemia vivo de donaciones”

Elaine Aparecida de Souza tiene 47 años y es productora de eventos corporativos en el área de la alimentación. O mejor dicho, solía ser. Como Rosana, Elaine ahora tiene varios trabajos para poder mantener la casa y pagar sus facturas. Además de trabajar con eventos, también vende panes, dulces, pasteles y está aprendiendo a coser.

Ella comenzó a trabajar a los 14 años y solía vender dulces para complementar los ingresos familiares. Durante la escuela de Derecho, una amiga la invitó a conocer y vender en la feria AMESOL, y ahí fue donde comenzó la historia de Elaine con la Economía Solidaria.

Poco después de graduarse, mientras estudiaba para la prueba del Colegio de Abogados de Brasil (OAB), Eliane se dio cuenta de que ya había ganado muchos clientes y que podía establecerse en el negocio de la alimentación.

Trabajando con alimentación en eventos, reuniones, clases y fiestas antes de la pandemia, Elaine alcanzó ganar 12 mil reales en sus mejores meses. Esto le permitió ahorrar parte de las ganancias para una emergencia.

“Había hecho una reserva de dinero y fue con esta reserva que logramos atravesar la mitad del año [2020]”, dijo. El dinero se utilizó para mantener las cuentas del hogar y pagar las consultas y el tratamiento de su madre, quien ha estado necesitada de cuidados durante dos años.

Hoy sus ingresos son el 10% de lo que recibía antes de la pandemia. Toma entre 800 y 1.200 reales (145 a 220 USD) mensuales, ya que todos los eventos están suspendidos, y está ofreciendo productos que no formaban parte de su portafolio. "Tuve que reinventarme para intentar ganarme una clientela cautiva. Me fui adaptando, empecé a vender pasteles y así”, explicó.

Ella contó que, en este período de pandemia, muchas mujeres comenzaron a buscar en la alimentación una nueva fuente de ingresos. La familia de Elaine ha estado recibiendo canastas básicas durante el periodo de aislamiento.

 

 

Mini-tortas que componen el menú de Dinha y se venden por menos de 10 reales / Reproducción / Divulgación

"Perdí el 90% de mis ingresos, estoy viviendo en una casa prestada"

Como Elaine, Edileuza Guimarães, Dinha, también trabaja con la alimentación. Conoció a la Economía Solidaria a través de un folleto en la escuela donde estudiaba su hija y, como el sueño de su madre siempre fue montar una cooperativa de alimentos, las dos invitaron a tres vecinas más para una charla sobre el tema.

Residente de Osasco, cuenta que antes de la pandemia, ella y 12 mujeres más montaron una cooperativa en el barrio que contaba con una cocina industrial, una pastelería y un restaurante.

El viejo horno industrial fue lo único que quedó del mejor periodo económico que vivieron y todavía lo utilizan estas mujeres, que siguen trabajando con la comida.

Antes del 2020, Dinha cobraba entre 3.000 y 4.000 reales (545 a 720 USD) mensuales. Podía pagar el alquiler y las facturas sin esfuerzo, pero ahora ella y su familia viven con la ayuda de otros en una casa que le prestó su cuñado.

Con una reducción del 90% en sus ingresos, pidió auxilio a la familia después de ver que no podía pagar el alquiler y comprar lo básico para mantener a la familia. Hoy cobra menos de 1.100 reales (el salario mínimo brasileño) al mes con sus productos.

Se emocionan al hablar de la Economía Solidaria

“La Economía Solidaria representa a los más pobres. Es calidad de vida, es apreciar al ser humano. Es valorar la vida, valorar el bienestar del ser humano, valorar las luchas, ejercer derechos, luchar por la justicia social. La Economía Solidaria es nuestro derecho de trabajar como nos gusta y generar ingresos de esta forma. Es todo lo que no es el sistema capitalista”, explicó la cocinera Dinha.

Rosana dice que se encontró en el movimiento. “La Economía Solidaria nos genera un sentimiento de pertenencia a un lugar donde no nos sentimos solas. Esto se da en la forma de organizar la producción, el consumo y la distribución de la riqueza centrada en la valorización del ser humano y no en el capital (lucro)”.

La historiadora y articuladora de la Economía Solidaria Maria Fernanda Marcelino coincide con este punto de vista: “Son historias parecidas, son historias de mujeres que tienen que luchar duro, tienen que cuidar de la familia. Con la Economía Solidaria feminista también aprendí a verlo de otra manera. Sabemos que podemos contar unas con otras, intercambiar experiencias, ayudarnos. Esto es muy fuerte, muy importante ”, dijo.

Edición: Rebeca Cavalcante