Especial

Indígenas Warao sufren condiciones precarias en albergue en Brasil

Las familias inmigrantes que viven en el espacio se quejan del calor, de la falta de aseo y de la comida

Traducción: Luiza Mançano

Brasil de Fato | Belém (PA) |
La casa de los indígenas se restringe al espacio cuadrado destinado a cada familia - Catarina Barbosa/Brasil de Fato

"Cuando decimos algo, ellos contestan: ‘ustedes no mandan, nosotros mandamos. Ustedes son inmigrantes’”. El relato es de Fredy Cardona, líder Warao que vive con su familia en el único albergue público disponible para los indígenas migrantes y refugiados en Belén, capital de Pará, en la región norte de Brasil.

El espacio es un galpón industrial administrado por la Fundación João Paulo XXIII (FUNPAPA), una institución vinculada a la alcaldía de Belém, responsable por las acciones humanitarias. En el local no faltan quejas: comida podrida, baños precarios, calor, ausencia de diálogo, de médicos e incluso truculencia policial.

Desde el exterior nadie puede identificar que se trata de un albergue. El espacio ubicado en el barrio Tapaña, en la periferia de Belén, tiene acceso controlado. Solo las personas autorizadas pueden entrar. Brasil de Fato fue el único medio que acompañó la inspección realizada entre 5 y 6 de agosto por el Ministerio Público Federal (MPF).

El galpón está subdividido por estructuras metálicas. Pese al techo alto y los espacios que permiten la circulación del aire, los indígenas afirman que en el espacio la temperatura ya alcanzó los 45 grados.

Cada familia Warao tiene como casa un espacio cuadrado separado de los demás por telas atadas a las estructuras metálicas, donde cuelgan sus hamacas y dejan sus pertenencias. “En Venezuela no vivíamos tan cerca [unos de otros]”, dice Firmin Cardona, hijo de un cacique en su tierra natal.

Situación legal

Desde 2014 más de 4 mil indígenas Warao, de Venezuela, ingresaron en Brasil según la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Al huir de la crisis económica en el país vecino, se juntaron a las decenas de miles de venezolanos que solicitan -- y reciben -- refugio en Brasil, alegando violaciones a los derechos humanos.

En Pará, aun según la ONU, hay cerca de miles ciudadanos Warao. 450 de ellos se encuentran en la capital y 250 viven actualmente en el albergue.

Antes de la pandemia, los Warao vivían en otros cuatro espacios, dos administrados por el gobierno de Pará y dos por la alcaldía de Belém. Tras la llegada de la pandemia, la alcaldía optó por albergar a todos en un único espacio para centralizar la atención humanitaria.

Ausencia de diálogo

El local cuenta con información en español y en el idioma Warao, pero contradictoriamente la comunicación es un problema señalado por los inmigrantes. Ellos afirman que muchos de los problemas podrían ser resueltos con más diálogo.

Uno de los ejemplos relatados es la expulsión de dos indígenas del albergue, Abilio y Firmin Cardona. Los dos celebraban el día de los padres -- en Venezuela se celebra el 20 de junio -- pero la fiesta terminó mal, con la presencia de la guardia municipal y uso de fuerza policial.

“He visto a la policía golpear a las mujeres, a los niños, les dispararon un gas. En aquel momento, había tres niños recién nacidos, con dos, tres días de vida. Las otras se cayeron al suelo debido al gas. Yo le pedí a los policías que detuvieron el uso del gas pero me contestaron ‘ustedes no son brasileños, si se mueren no pasa nada porque ustedes no valen nada’”, afirma Abilio Cardona.


Firmin y su esposa. Actualmente, tiene que pagar un alquiler de 500 después de haber sido expulsado del albergue / Catarina Barbosa/Brasil de Fato

Después de eso, Abilio Cardona fue citado por las asistentes sociales del albergue, que le obligaron a firmar un documento de salida. Como no sabe portugués, lo firmó sin saber de qué se trataba.

“Después de que lo firmé, me dijeron que yo y la otra persona tendríamos que irnos. Intenté hablar, lograr un acuerdo, saber por qué habían llamado a la policía, pero llegó un papel diciendo que tenía que irme inmediatamente o iban a llamar a la policía para que me arrestaran”.

Lejos de sus familias y sin poder pagar un alquiler en la ciudad, los indígenas lamentan el hecho y afirman que no desacataron a nadie, que solo han defendido a los niños.

Cuando se le preguntó sobre el episodio la FUNPAPA afirmó que “se realizaron algunas adaptaciones en las normas, en conjunto con los indígenas Warao”. Pero a pesar de las bonitas palabras, los indígenas expulsados no pudieron regresar al albergue.

Comida

Otro problema es la comida. El albergue ofrece comidas pero los indígenas también pueden cocinar en fogones en leña los alimentos que compran con el dinero que recaudan en las calles.

Ellos se quejan de que la comida está racionada, no tiene sabor y muchas veces está podrida. “Vemos llegar muchos alimentos, pero no llegan hasta nosotros. Ya he visto llegar cajas y cajas de yuca que nunca nos ofrecieron”, cuenta Fredy Cardona, familiar de Abilio, que sigue en el albergue.

Los Warao expresan sus ganas de cocinar la propia comida. “Por qué no podemos cocinar los alimentos que llegan? Ya les pedimos un fogón de gas y ellos dicen que van a traerlo pero no nos dicen cuando”, cuestiona Freddy.


Foto: Catarina Barbosa/Brasil de Fato

La FUNPAPA dice que "dentro de la Política Nacional de Asistencia Social se realizan reuniones semanales con líderes y toda la comunidad sobre las acciones, actividades, reglas y otras acciones que les van a afectar, apoyadas por ACNUR (la agencia de la ONU para refugiados), la Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales (ADRA) y la organización Aldeas Infantiles”.

El fiscal de la República Felipe de Moura Palha explica que el MPF acompaña la situación de los Warao desde 2017, cuando los primeros grupos llegaron a Pará. Él dice que el órgano intenta orientar las instituciones para que los propios indígenas puedan participar de las decisiones que afectan sus vidas.

“El diálogo intercultural es imprescindible para dos cosas: la primera, garantizar los derechos culturales de esa población. La eficacia de las políticas públicas depende de una honesta y de buena fe relación de interculturalidad”, argumenta.

El baño

En el albergue los hombres y las mujeres, niños y ancianos son obligados a utilizar un baño que no presenta las condiciones mínimas de aseo. El local huele a heces y orina, las paredes están sucias y el suelo inundado.

No hay cabinas sanitarias y solo cuentan con un inodoro en el suelo. Garcia relata que una anciana se cayó al suelo porque se inclinó para utilizar el inodoro y no pudo levantarse sola, entonces se quedó en el suelo y se ensució. “Aquí hay enfermeros, pero no hay médicos ni carros. Si alguien se siente mal, no tiene cómo llegar al hospital”. 

Pérez García denuncia también que los indígenas están hace cuatro semanas sin recibir los productos de limpieza para higienizar el local. “Hace una semana que el baño se quedó sin luz. Necesitamos guantes para limpiar el baño porque comemos con las manos y podríamos contraer alguna enfermedad. Todos los días tenemos que secar el agua que se acumula frente a los baños porque los niños juegan allí y podrían enfermarse”, dice.

La covid-19 y la salud indígena

En todo Brasil, según informe técnico del MPF se contabilizaron 10 fallecimientos entre indígenas da etnia Warao como consecuencia de la covid-19. La mayoría tuvo lugar en Belém.


Municipios donde se registraron muertes de Waraos en Brasil / Infografía: Fernando Bertolo

La principal causa de defunciones entre los Warao en Brasil es la neumonía, responsable por aproximadamente un 25% de las muertes, con 20 casos registrados. En segundo lugar están las muertes por motivos desconocidos (un 19,3%), con 16 ocurrencias; en tercero, la covid-19 y en cuarto la tuberculosis, con seis casos.

Los niños son las principales víctimas de las defunciones, fueron 27 niños muertos y 26 adultos, entre ellos,16 ancianos.

En un comunicado oficial la FUNPAPA afirma que el “Núcleo de Atención al Refugiado y Migrante ha realizado atenciones e identificado las vulnerabilidades y necesidades de los indígenas”.

Edición: Rodrigo Chagas e Rodrigo Durão Coelho