Entrevista

No me sorprendería otro desastre en represas en Brasil, dice ex relator de la ONU

Cinco años después de derrame en Mariana (MG), Baskut Tuncak analiza que no se tomaron medidas de prevención suficientes

Traducción: Pilar Troya

Brasil de Fato | Florianópolis (SC) |
Integrante de la comitiva que visitó Brasil en diciembre de 2019, Tuncak concedió entrevista a Brasil de Fato
Integrante de la comitiva que visitó Brasil en diciembre de 2019, Tuncak concedió entrevista a Brasil de Fato - Vinicius Loures/Câmara dos Deputados

De las 859 represas de relaves de minerales en Brasil, 50 tienen algún riesgo de comprometimiento de la estructura de seguridad, según la Agencia Nacional de Minería (ANM). Las tres estructuras clasificadas con nivel de emergencia más alto están en Minas Gerais: Forquilha III (Vale), en Ouro Preto, Sul Superior (Vale), en Barão de Cocais y B3/B4 (MBR), en Nova Lima.

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El estado, que aún vive las consecuencias de los derrames de Mariana, en noviembre de 2015, y Brumadinho, en enero de 2019, es tratado como una “bomba reloj” por especialistas y activistas del Movimiento de Afectados por Represas (MAB por su sigla en portugués).

“No me sorprendería otro desastre en represas en Brasil”, lamenta el abogado y químico turco Baskut Tuncak, ex Relator Especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para Residuos Tóxicos.


Imagen aérea muestra el tamaño de la destrucción del distrito de Bento Rodrigues, en Mariana, después del rompimiento de la represa de la Samarco, en noviembre de 2015 / Foto: Marcello Casal Jr./Agencia Brasil

Tuncak integró una comitiva del Consejo de Derechos Humanos de la ONU que visitó  Brasil el año pasado y escuchó a afectados de Brumadinho, Mariana y sw la comunidad de Piquiá de Baixo, en Maranhão.

El informe, producido al final de la visita y presentado en septiembre por su sucesor Marcos Orellana, afirma que la minera Vale tuvo una “conducta criminal imprudente” en el rompimiento de la represa del Córrego do Feijão, que causó 272 muertes.

El texto resalta que la empresa presionó a auditores externos a certificar la estabilidad de la represa e ignoró alertas sobre los riesgos en Brumadinho – lo mismo que había hecho en Mariana.

“Después de los desastres de Mariana y Brumadinho, ningún ejecutivo corporativo de la Vale, BHP o Samarco fue condenado por conducta criminal, una farsa judicial que sugiere que algunos en Brasil están, de hecho, encima de la ley”, denuncia el informe.

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Brasil de Fato conversó con Tuncak con ocasión de los cinco años del rompimiento de la represa de la Samarco en Mariana. El tema de la conversación fue la responsabilidad de agentes del Estado y de la iniciativa privada en crímenes de esta naturaleza. Lea los mejores momentos:

Brasil de Fato: En el informe producido después de su visita a Brasil, al citar el derrame en Brumadinho, usted afirma que “es asombroso que un desastre como este ocurra cuatro años después del rompimiento catastrófico de una represa involucrando a la misma empresa, Vale, en el mismo estado, Minas Gerais.” ¿Qué medidas esperaba que la compañía y el Estado hubieran tomado para evitar nuevos rompimientos, y que observó en la práctica?

Baskut Tuncak: Esa es una excelente pregunta. Fue muy impactante lo que aconteció en enero de 2019, pero era previsible y evitable. 

Aquel desastre ocurrió en una de las varias represas del país considerada de alto riesgo. Infelizmente, incluso después del desastre de Mariana, el Estado no perfeccionó su legislación ni fortaleció la regulación y los procedimientos para seguridad de represas.

Ocurrió casi lo contrario: el riesgo sólo aumentó desde entonces, por medio del debilitamiento de algunas disposiciones y del permiso para construcciones de represas de relaves de manera más rápida.

Incluso después del desastre de Mariana, el Estado no perfeccionó su legislación ni fortaleció la regulación y los procedimientos para seguridad de represas

Lo que debería haber acontecido era el fortalecimiento de las normas, de la fiscalización, de los procedimientos, de las medidas de prevención. Desgraciadamente, tanto de parte del gobierno como de Vale, no fue el caso.

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Usted participa en misiones de las Naciones Unidas en varios países. ¿El nivel de negligencia que observó en Brasil es inédito, o esa es una situación recurrente en otras partes del mundo?

Problemas en represas de relaves no son exclusividad de Brasil. Otros países con actividades mineras también enfrentan dificultades. No obstante, el nivel de riesgo en Brasil está entre los mayores del mundo.

Por los datos a que tengo acceso, Brasil es el país que más represas de alto riesgo tiene.


Morador observa el lodo cubriendo el paisaje después del rompimiento de la represa de Fundão / Douglas Magno / AFP

Considerando la situación de las demás represas en Brasil, ¿usted se sorprendería con la noticia de un nuevo rompimiento?

Basado en lo que vi y oí en diciembre del año pasado, desgraciadamente no me sorprendería otro desastre en represas en Brasil.

Espero, y oí algunos rumores, que se hicieron cambios después de nuestra visita para reducir los riesgos. No obstante, hay una cuestión sistémica adyacente que es motivo de gran preocupación y que, hasta donde se, aún no fue abordada: la información que recibe el gobierno [sobre la situación de las represas] la producen las mismas empresas.

 Brasil es el país que más represas de alto riesgo tiene

Esa es mi preocupación central en términos de preservación de la integridad de los procesos gubernamentales de regulación y monitoreo de las operaciones, para que desastres como Mariana y Brumadinho no vuelvan a suceder.

Si el Estado no impone las debidas exigencias ni fiscaliza correctamente las operaciones, ¿cuál es la responsabilidad de Vale y de Samarco?

De hecho, la tarea de proteger los derechos humanos es del Estado. Sin embargo, la situación impone responsabilidad a las empresas, lo que incluye las obligaciones creadas por los gobiernos, bajo la forma de ley, pero también cuidar a las personas que están en riesgo debido a sus actividades.

En los dos desastres, de Mariana y Brumadinho, fue posible observar el trauma psicológico. Las personas recuerdan claramente el momento en que la represa colapsó

Cabe también a las empresas mitigar impactos sobre los derechos humanos, incluso en ausencia de las exigencias legales necesarias.

En cierto sentido, es una responsabilidad compartida. Pero, a fin de cuentas, lo que observamos es que los gobiernos necesitan garantizar la regulación de los negocios en sus territorios.

Usted visitó Brasil más de cuatro años después del derrame en Mariana. ¿Qué consecuencias observó en la vida de las personas que viven en el área de la cuenca del Rio Doce?

Desgraciadamente, no pude ir personalmente hasta allá, pero me reuní con algunas de las familias y comunidades afectadas. En los dos desastres, de Mariana y Brumadinho, fue posible observar el trauma psicológico. Las personas recuerdan claramente del momento en que la represa colapsó y hasta hoy conviven con el lodo, luchando para mantener su casa, sus ingresos.

Esa incertidumbre sobre los efectos de la exposición a sustancias tóxicas genera mucha angustia y agotamiento. Desgraciadamente, eso se mantiene hasta hoy

Hay varios impactos que persisten en los modos de vida, en la salud mental de las comunidades –especialmente de los individuos que perdieron amigos y parientes en el desastre.

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Uno de los problemas que no se resolvió es la preocupación de las comunidades por la posibilidad de intoxicación por metales pesados, liberados cuando la represa se rompió. Esa incertidumbre sobre los efectos de la exposición a sustancias tóxicas genera mucha angustia y agotamiento. Desgraciadamente, eso se mantiene hasta hoy.

Tratamos de llamar la atención, en nuestra visita, sobre la necesidad de un dictamen independiente, robusto, que oriente a las comunidades sobre los riesgos e identifique lo que puede ser atribuido al desastre.


Escuela destruida por el lodo en la comunidad de Paracatu de Baixo, en Mariana. Cinco años después del crimen, los libros, mesas, carteras y materiales escolares permanecen en medio de la destrucción. / Pedro Aguiar/Brasil de Fato

Con relación al medio ambiente, ¿qué puede remediarse aún y que se perdió ya?

Ya se perdió mucho. Lo que había de vida salvaje en el río fue inmediatamente destruido por el lodo. Vegetación, topografía, animales, perdida de acceso a agua potable.

Además de eso, hay que se considerar que muchas comunidades fueron directamente afectadas por el lodo, como es el caso de Barra Longa (MG).

Algunos de esos impactos hasta pueden ser remediados, y hay esfuerzos en ese sentido. Sin embargo, parte del problema es justamente la lentitud de la implementación de esos proyectos.

Durante la visita, oí a muchas personas que los 42 programas de reparación conducidos por la Fundación Renova [resultado de un Término de Transacción y Ajuste de Conducta (TTAC)] no estaban en fase avanzada. Eso es muy preocupante, porque ellas aún viven con muchos efectos adversos, especialmente las comunidades indígenas que dependen mucho del rio para subsistencia, para mantener sus tradiciones.

Tenemos ejemplos de acuerdos hechos dentro de los estándares de respeto a los derechos humanos, proyectos implementados con tecnologías capaces de minimizar los impactos ambientales

Todo eso debe ser considerado en una acción más coherente y consistente con lo que se espera [de un programa de reparación].

Con base en su experiencia en otros países, ¿es posible encontrar buenas prácticas en la minería, cuando esa actividad es liderada por grandes corporaciones? ¿El problema generalmente es la falta de regulación y control estatal o las violaciones socio ambientales son inherentes a la actividad en si?

Muchos consideran que la minería y la industria extractivista es, en si, insustentable. Es una cuestión compleja. En algunas situaciones, la extracción de recursos naturales, de hecho, no se puede hacer sin daños a comunidades, sin ir contra los derechos humanos –especialmente, cuando la propia comunidad no llega a un acuerdo y se posiciona contra aquella actividad.

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Por otro lado, hay buenas prácticas. Tenemos ejemplos de acuerdos hechos dentro de los estándares de respeto a los derechos humanos, proyectos implementados con tecnologías capaces de minimizar los impactos ambientales. Sin embargo, en muchos casos, los impactos son inevitables. Especialmente, cuando miramos el ciclo de la industria extractivista, es muy difícil encontrar una actividad plenamente sustentable.

A fin de cuentas, depende de cómo usted interpreta los estándares y las obligaciones concernientes a los derechos humanos. Una de mis preocupaciones centrales es por cuanto tiempo aún seremos dependientes de ese tipo de extractivismo.

Edición: Leandro Melito